Aún tengo la herida de aquella noche
y no sé si algún día se cerrará del todo.
No fue intencionado, lo sé, pero ni yo era consciente de que mi piel estaba a punto de romperse.
Desde entonces, no creo en las palabras. No solo no en las tuyas, en las de nadie.
Creo no poder hacerte por ahora ningún bien porque al verte solo pienso en mi daño.
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